NITO, desde tu perspectiva de poeta,  y ex árbitro de “Vale Todo”  … ¿Me llevo varios bolsos a la costa, o voy casi con lo puesto…?
Ni lo puesto… quiero decir, con lo puesto sobra, man. Yo vi gente mover todo un placard fragmentado en bolsos. Error. Ojotas, zapas, bermuda con posibilidad de pantalón- cierre mediante- dos remeras, gafas y una gorra. Lo demás es lujo. Nadie te ve dos veces en la costa. El que te vende comida hecha, pierde la memoria todas las noches. Está 18 horas escuchando como la gente le pregunta por cosas que ese día no cocinaron. Escucha la palabra “bombas de papa” hasta que se marea. Le preguntan si “es fresquito” tantas veces, que las últimas 12 dice que no. Entonces, no solo no se acuerda de tu ropa, tampoco reconocería a Barry Manilow. Grabate esta frase  en el torso: “con lo puesto sobra, man
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No te muevas válvula … Marcelo Juntas y Victor Cojinetes  te presentan
FANATICOS del MOTOR
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¿Ya le pusiste el porta equipaje en el techo?
¿Lo fuiste a descarbonizar a los sesenta…?
¿Te compraste el anuario 2012 con un CD de regalo…?
¿Vas seguido al mercado de accesorios que está  adentro del Hiper…?
¿Le cambiás el aceite todos los meses, hagas los kilómetros que hagas?
¿Los de la VTV te dan la oblea sin revisártelo, de cómo tenés el auto…?.
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El depender de los demás. El imaginario y las controversias de la competencia. El inaudito submundo de difusas perspectivas de felicidad. Cientos, miles, en pos de una funcionalidad abstracta, en la espera irrestricta por participar en el interior de un lugar de pseudo-pertenencia. Allí, apaciguando el desesperado impulso de la ilusión y el estigma de lo fetiche, aparece el grito. Un  grito que está pero que no participa, que duerme, que se vislumbra pero no ejercita. “Soy esto y eso pero no le digo que soy aquello también. Me surgirá en los momentos de presión. Todavía espera, duerme”.  La felicitación, la algarabía, el querer ser y pertenecer,  marcan los tiempos del grito, lo muestran latente, degradado pero potencialmente arrollador.  Allí esta Mermeloni, esquivando los  imaginarios, presentando su alegría, enfrentando la adversidad del par, cobijando su estupefacción en los lazos y las penurias. Mermeloni quiere gritar pero no puede, participa y duerme al ruido. No logra asegurar hasta que minuto, el grito, se prorroga y se vuelve impulso, acto. No hay lugar para los miedos. Nos queda un nuevo imaginario. Nos queda el absurdo.